
Tras el impacto que me provocó Waltz with Bashir me quedé pensando, entre otras cosas, por qué entre nosotros hay tan poco cine con garra y sensible a la vez, potente y honesto, que a la hora de reflexionar sobre un dolor nacional y universal (de los que, ciertamente, nos sobran) no busque echar culpas o agarrársela con algún antagonista de turno, sino ver más allá y poner la lupa, primero, en la responsabilidad personal, y luego, en todo caso, en la colectiva (no política, no generacional, no ideológica). Debe haber películas así made in Argentina, quiero creer que las hay, pero yo no las he visto. Se aceptan sugerencias.
En eso estaba cuando me lancé a la calle rumbo al Abasto una vez más, y de camino percibí que en el colectivo, en el café y hasta en los pasillos del centro comercial se hablaba de una sola cosa: el partido que esa tarde enfrentaría a Argentina contra Venezuela, con el debut de Diego Maradona como técnico en partidos oficiales. Cómo se van a hacer películas lúcidas y universalistas, pensé, si nuestra sensibilidad todavía es futbolera, es decir, de las que sólo funcionan si tienen un adversario potencial a la vista. En este caso, el asunto era contra los venezolanos. En el mundo que rodea mi trabajo, las enemistades son las siguientes: en la literatura, los escritores que se dicen “vitalistas” (para quienes la narrativa consiste en contar una historia, convencidos de que esa historia es mejor si se la conoce de primera mano) contra los “esteticistas” (aquellos seguros de que la narrativa es un asunto de escritura, y que eso no depende tanto de la intensidad de las vivencias como de la lectura y el acento crítico, por ejemplo); en el cine, la bronca es de los del nuevo cine independiente contra los del cine argentino de los '70 y '80...y en cada rubro del arte que uno elija o imagine, la cosa siempre es así, de unos contra otros. Nunca se trata de sumar, hay una inmadurez rampante en la necesidad de tomar partido por una cosa o la otra. Cualquier amante serio de la literatura (y de la vida) sabe que lo bueno está en la diversidad de tonos, registros, ideas y aventuras, y que en definitiva sólo se trata de que cada esfuerzo esté a la altura del proyecto imaginado. Pero no: aquí si te gusta un autor de una línea no te puede gustar otro ubicado en la vereda de enfrente, si su trabajo se corresponde a otra estética no puede ser bueno nunca, jamás. Una ingenuidad total, por decirlo de manera leve, que afecta los trabajos y las relaciones y enrarece el medio con una mala vibra innecesaria, que antepone la bandería al auténtico interés y respeto por lo que hace el otro.
Lo que me impresiona, sobre todo de las rencillas literarias, es que cuando yo me fui de Buenos Aires, en 1992, se discutía en términos idénticos, con los mismos protagonistas. Si eso no es estancamiento, se le parece mucho. Es decir, mientras el mundo, la industria de la cultura, la tecnología y la literatura misma han generado novedades importantes, aquí se sigue con lo mismo, dicho por los mismos. Habrá quien diga que es porque se trata de un debate apasionante (en las reseñas de hoy reconozco los argumentos que yo también llegué a esgrimir hace 20 años, en mi caso en favor del esteticismo y de la presunta vanguardia de César Aira); sin embargo, para mí no se habla de otra cosa por dos razones: primero, porque, en realidad, montarse a ese discurso garantiza privilegios (te haces amigo de escritores consagrados, estás protegido por los que necesitan de tu apoyo en la prensa y tus pares hasta te dan trabajo); y segundo, por mediocridad y falta de imaginación, ya que es más fácil hablar de lo que ya se habla que proponer algo nuevo o distinto. Para qué pensar en otras cosas (dos ejemplos: uno, la literatura de argentinos editada en España, ¿habla de lo que quieren ver / leer los editores españoles y se aleja de la experimentación temática y estilística que sólo podría darse entre nosotros?; y otro, ¿hasta qué punto ha sido efectiva la renovación generacional de los editores nacionales, cuando no pocos publican o han publicado principalmente a los autores de siempre?), si hablar y hablar de lo mismo da la impresión de que la discusión está viva? En fin, no es un tema que me interese especialmente, sobre todo porque pertenece a un mundo que abandoné hace más de una década; lo que me deprime del asunto es que aún no hemos superado la etapa de creer que pensar es pensar en contra de algo o de alguien. En mi caso es una enseñanza que recibí de mis clases de dialéctica filosófica, y también de Beatriz Sarlo, cuando yo estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (supongo que ella la habrá sacado de Eric Hobsbawm, Perry Anderson o el mismísimo Foucault). En su momento me sirvió mucho, pero 20 años después de haber estado en esas clases creo que ya crecí lo suficiente como para abandonar el aula, pensar por mí mismo y darme cuenta de que no sólo se puede operar a la contra, sino también de manera propositiva y sin la dependencia que genera tener alguien a quien enfrentarte sí o sí. Ya de adulto, tuve la suerte de educarme de otra manera. No era así en España, ni en México ni en Brasil, donde viví varios años. Sólo aquí. Con su correspondiente reflejo en el mundo de la política (peronistas vs. antiperonistas, “oligarcas” vs. “pueblo”, gobierno vs. Campo), el periodismo, y por supuesto, el día a día en la ciudad, donde el de al lado nunca es otro integrante de la vida en comunidad, sino alguien que, sobre todo, molesta. Para crecer no es necesario pisar al de al lado. Para desarrollarte necesitas entender al otro y darte cuenta de que lo importante para ti no tiene por qué serlo para todo el mundo. Es algo tan elemental y básico que no puedo creer -y hasta me asusta- que aquí no se vea, o no se quiera ver.
Director Jeffrey Levy-Hinte-Soul Power - Funny videos are here
Llegaba a esas grandes conclusiones cuando me metí en una sala del Hoyts para ver Soul Power, el documental en el que el director Jeffrey Levy-Hinte (una entrevista con él, arriba) cuenta la historia del gran festival de música negra que Hugh Masekela organizó durante los días de la pelea entre Muhammad Ali y George Foreman en 1974 en el Zaire (ex Congo Belga). Además de presentar sus propios interrogantes y respuestas, Soul Power me ayudó a ver mejor lo que traía en la cabeza: para ser hay que limitarse a eso, a ser, y si uno cree que es alguien porque se encuentra en estado de beligerancia, simplemente uno es en función de ese otro, apenas una sombra de alguien y nada más. La película es el retrato de un sueño maravilloso (el festival organizado por Masekela) y del poder de la cultura negra tras el reencuentro de los hijos pródigos en Estados Unidos (James Brown, The Spinners, B.B.King, Celia Cruz y Johnny Pacheco, entre muchos otros) con los padres de Africa (Manu Dibango, Miriam Makeba y la gente anónima que toca de todo en plena calle). Para los amantes del boxeo, Soul Power es el complemento ideal de la grandiosa When we were kings, ya que cuenta una historia paralela a esa eterna usina de magia que fue la pelea Ali-Foreman (de la que también salió ese clásico literario que es El combate, de Norman Mailer). “Soy negro y orgulloso” se canta al final de la película, y cuando terminó me quedé tan lleno de energía y buen ánimo que conseguí dejar atrás la mala vibra que tantas veces me da la vida en Buenos Aires. La historia y los protagonistas de Soul Power son tan fuertes que es difícil hacer una película floja con esos materiales; yo agradecí que el documental se limitara a registrar el asunto y contarlo más o menos tal como fue, y la verdad es que me divertí mucho con no pocas escenas, sobre todo con la fiesta que montan Celia Cruz, Johnny Pacheco, Héctor Lavoe y los demás Fania All Stars en el avión donde viajan con un tranquilísimo B.B.King.

Al rato me metí a ver Mamachas del ring (fotos, arriba del todo y aquí, inconfundibles), documental de Betty M.Park acerca de unas cholitas bolivianas que pelean por ser reconocidas como luchadoras de catch. La película también es buenísima y muy recomendable: testimonio de lo difícil que lo tienen las mujeres para hacer lo que quieren, la obra de Park muestra las idas y vueltas de Carmen Rosa “la campeona” con ternura y sensibilidad femeninas, un hallazgo que divierte y conmueve a la vez. A mí me gustó porque tiene una historia que contar, la muestra sin demagogia ni altivez y no ofrece respuestas de ninguna clase, sino el doloroso peso de una pregunta que la sociedad boliviana (y no sólo boliviana) es la verdadera encargada de asumir. Una joyita sencilla y majestuosa, narrada con distintas variantes y un respeto pocas veces visto en documentales tan impúdicos, donde los límites a veces se difuminan en favor del exceso de realismo.
El final del día me lo reservé para Welcome to New York, documental de Bettina Perut e Iván Osnovikoff sobre la vida cotidiana en New York en tiempos de la reelección de George W.Bush (una entrevista con Iván, arriba). En un tono experimental, donde los planos de la cámara son tan o más protagonistas que los personajes que pasan por ella, la película muestra con mucho humor a una ciudad poblada por todo tipo de freaks, desde las ricachonas de un Democratic Party Club hasta los indios que empujan un carrito de comida rápida a unas cuadras del Waldorf Astoria. Yo nunca había visto una visión tan abiertamente sudaca de Estados Unidos, y la verdad es que me divirtió muchísimo. Perut y Osnovikoff se meten hasta en las alcantarillas, y la sensación que transmiten es la de haber visto un imperio de locos, cuya mayor locura es la tolerancia que ejercen a rajatabla y pase lo que pase. Una postal maravillosa y genial, de los mismos directores de Noticias (lunes 30, 23 hrs; miércoles 1, 17 hrs; sábado 4, 19 hrs.) y Chi-chi-chi Le-le-le Martín Vargas de Chile (domingo 5, 15.15 hrs.).
En definitiva, el BAFICI me alegró otro día. Esto lo escribo en pleno domingo, tarde en la que ya he visto Chelsea on the rocks, de Abel Ferrara, motivo del post de mañana junto a Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos, de Luis Ospina, y la chilena Tony Manero, las otras dos películas que voy a ver hoy. En el siguiente post colgaré el calendario de mi BAFICI particular, así que ya sabrán por dónde estaré.
Próximas funciones:
SOUL POWER; sábado 4, O.15 hrs, Hoyts 12.
MAMACHAS DEL RING; domingo 29, 19.15, Teatro 25 de Mayo.
WELCOME TO NYC; lunes 30, 20.45, Hoyts 5; domingo 5, 21.45, Arteplex Duplex Caballito 2.
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