En cualquier momento, el justo y esperable revuelo por la muerte de Michael Jackson se convertirá en spam mediático, basura alegre para los ojos y oídos, clips desinformativos que reemplazarán las imágenes de la violencia en Irán y terminarán reemplazados por otras muertes seguramente menos célebres, los resultados de las elecciones locales o cualquier pseudonoticia que garantice un buen relato. Todo periodista sabe que ningún hecho dura más de una semana en la tapa de un diario; cualquier lúcido consumidor de noticias no ignora que la información mediatizada es telenovela en germen. Jackson no fue un músico influyente como, para hablar de otro grande recientemente fallecido, James Brown; sin embargo, su impacto como ícono cultural convirtió cada gesto suyo en un incomparable culebrón planetario, reality show por entregas, el knock out definitivo al celo por la intimidad. Una star de ese tamaño tarda mucho más que una semana en apagarse, lo curioso del asunto es que ni siquiera nos daremos cuenta a la hora de olvidarlo (eso debería dejar claro lo inútiles que son los esfuerzos por ser más y más famoso). A mi manera de ver, y en un sentido estricto, lo suyo no fue ni la música ni el baile, sino aquello que los gringos llaman entertainment. Yo llegué a ver un show suyo en Barcelona, ahorré un mes entero para comprar el boleto, no sé por qué hice eso si no era ningún fanático, debo haberme dejado llevar por el mareo publicitario. El tipo llegó y se fue en un helicóptero que lo trajo y sacó del escenario, en el medio hizo el espectáculo más plástico y frío que recuerde, ni siquiera puedo decir que no me gustó, simplemente me dejó helado y sin opiniones al respecto. Ahora, lo que lamento de su muerte es que se haya ido alguien con el poder de hacer bailar, el tipo de magia blanca más bonita, alegre y sana que conozco. Para no entrar (demasiado) en la sentimental y/o cínica tumba mediática que marca la hora, aquí aporto dos testimonios de la escala global de su fuerza: Thriller, bailado por reclusos de las Filipinas (arriba), y en plan Bollywood (abajo). ¡Adiós, amigou!
Hola! El otro día puse música en la casa de mi amigo Cristian, y en un momento él llegó para preguntarme si lamentaba la muerte de Michael. Yo le dije que sí, cómo no, aunque por supuesto dudaba de que volviera a hacer algo tan bueno como lo que ya había hecho. El éxito no debería justificar una existencia, y parece que el man se enfermó de eso. Una pena, tal vez si hubiera estado menos obsesionado por la primera plana hubiera hecho más y mejor música, en fin, así son los grandes, no? Mucha suerte y gracias por lo de Staff Benda Bilili, esos también son grandes...
Soy periodista cultural y DJ. Viví tres años en Barcelona, uno en Budapest, ocho en México DF, uno en Rio de Janeiro y, desde mediados del 2007, estoy de vuelta en Buenos Aires...
2 comentarios:
se fue un grande, realmente una lástima.
Buen post el de Staff Benda Bilili!
Hola! El otro día puse música en la casa de mi amigo Cristian, y en un momento él llegó para preguntarme si lamentaba la muerte de Michael. Yo le dije que sí, cómo no, aunque por supuesto dudaba de que volviera a hacer algo tan bueno como lo que ya había hecho. El éxito no debería justificar una existencia, y parece que el man se enfermó de eso. Una pena, tal vez si hubiera estado menos obsesionado por la primera plana hubiera hecho más y mejor música, en fin, así son los grandes, no? Mucha suerte y gracias por lo de Staff Benda Bilili, esos también son grandes...
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