martes 30 de junio de 2009

Noche de elecciones


El domingo fui a votar, llegué a último momento, hace miles de años tenía domicilio en Caballito, lo cambié antes de la anterior elección pero de todas maneras el padrón me tiene registrado en el que alguna vez fue el barrio de mi abuela. Antes de ir estaba molesto, no quería votar, no estoy nada seguro de que la obligatoriedad sea justa, importante, necesaria. Al final uno, o al menos yo, se siente extorsionado en el momento de votar. Si votás en blanco, lo anulás o ni siquiera vas, hacés lo que piden los carcamales del PCR. Si apoyás al oficialismo, le hacés el juego a quien dice que si no lo votás puede volver la crisis del 2001 (?). Y si votás a la oposición, estás con quienes aseguran que el gobierno es la causa de todos los males. Con esa idea en la cabeza hice lo que me pareció menos peor, y a la salida me sorprendí de estar en el barrio de mi abuela, hacía tanto que no iba por ahí, de veinteañero yo tomaba su calle -Ambrosetti- y dos cuadras antes ya la veía en el balcón, se asomaba para saber si estaba cerca, apenas me veía saludaba rápido y se metía en la casa para terminar el almuerzo. Una risa, la abuela, a quien en ese momento tenía enferma en Mar del Plata. Sin pensar mucho tomé Rivadavia, compré unas facturas, escuché música en el subte. Al rato de haber vuelto a casa, mi hermana me llamó desde Mar del Plata: la abuela acababa de morir. Hacía un tiempo que estaba grave, ese día tenía muchos dolores, tomó a mi hermana de la mano y a algún lado se fue. En la tele se hacían especulaciones de toda clase, un rato antes yo pensaba que no estaba mal eso de que por una vez se formara un partido de derecha moderada (en este caso, con Macri a la cabeza) y otro de izquierda democrática (el germen del apoyo a Pino Solanas), como en cualquier país normal. Pero después del llamado de mi hermana me di cuenta de que, en mi caso, “lo normal” era que otras cosas me importaran mucho más. Sentado frente a la tele, lo único que veía era el resultado de la extorsión. El mundo no se acaba porque ganen unos, nada cambia especialmente porque pierdan otros. Pero esa noche algo cambió en mí, y todavía me cuesta darme cuenta.

2 comentarios:

jose dijo...

Lindo y sentido post, che, un abrazo y un brindis en honor a la abuela

Leo dijo...

Gracias, José!