El mejor artículo que he leído recientemente sobre el panorama creativo, sonoro e industrial de la música contemporánea lo escribió Kiko Helguera, uno de los responsables del buenísimo programa Sonideros, de la española Radio 3. Publicado en la Letras Libres de abril, “Música y electricidad: conexiones y cortocircuitos en la era virtual del acelerador de partículas” piensa los modos de “evolución musical” tras el surgimiento de Internet, analiza el impacto de lo que él llama “apagón de la industria discográfica” y muestra las consecuencias y el desarrollo de la escena world beat y hiphopera en un escenario antigüamente marcado por el dominio del rock y el pop. Es una apología de la diversidad sonora (no necesariamente de la “democracia musical”) y, sobre todo, una puesta en escena teórica del placer que invade al amante de la música en una época como la nuestra, en la que cualquiera tiene acceso a lo que desee. Los siguientes son algunos de los párrafos con los que más me identifico:
* “Ya no estamos ante un patrón de evolución musical lineal, del pasado hacia el futuro, con estilos que superan a los anteriores, que se desechan como antiguos, sino en un modelo circular en expansión: mediante samplers e injertos renacen Billie Holiday o Dinah Washington en temas de rap o de electrónica; hoy, nada es antiguo ni moderno, todo se percibe como distintos colores y texturas sonoras que el artista contemporáneo usa a su conveniencia, como si fuera un collage. Tampoco el desarrollo musical es ya vertical ni está dominado por la tradición occidental, sino que se ha convertido en horizontal o transversal, con la irrupción de esos otros lenguajes, los primitivos del futuro, de las llamadas músicas étnicas o del mundo”.
* “Hay un proceso claro de convivencia y mestizaje entre la tradición del jazz, las llamadas músicas étnicas o del mundo (es decir las tradicionales o folclóricas) y ese magma general que proviene del blues y del rhythm & blues, soul, funk y otras especias que se denomina rock. Y la vitalidad de estos géneros que se entrecruzan es consecuencia del encuentro de músicos en festivales, del enorme flujo de información y propuestas musicales que circulan por internet y de la globalización cultural que ha abolido las fronteras geográficas y temporales de la música. El esplendor del cruce entre rock y músicas del mundo a partir de los ochenta (Paul Simon y Graceland, Sting con Rachid Taha y Branford Marsalis, Paco de Lucía y John Mclaughlin) revitalizó definitivamente el tronco del rock y lo abrió a un corredor sin retorno. Fela Kuti, Franco, Youssou N’Dour, Miriam Makeba no son ya exotismos africanos sino referentes globales, tanto en lo musical como, en muchos casos, en lo personal. Las derivaciones del flamenco y el jazz de Benavent, Di Geraldo y Pardo o el asombroso experimentalismo de Morente con Omega, han aportado una mezcla de lenguajes tan fructífera como lo que en su día ocurrió en Nueva York, cuando los ritmos afro-cubanos, el latin jazz y el soul se encontraron con el boogaloo y la salsa. La escena electro asiática de Londres en los noventa con Talvin Singh, Nitin Sawhney, Asian Dub Foundation resulta tan fascinante como la recuperación de las bandas callejeras gitanas como Koçani Orkestar o Taraf de Haïdouks y su encuentro con DJ’s en Electric Gipsy Land o el renacimiento de las big bands de jazz. Globalización, interconexiones, mestizaje: bienvenidos al caleidoscopio sonoro”.
* “Para una vez que el libre mercado y la competencia abarata los precios al consumidor, resulta que es ilegal. Es igual de contradictorio que las empresas privadas que abogaban por la libertad económica y la no intervención del Estado antes de las crisis ahora estén pidiendo que las nacionalicen o les regalen dinero público, para con él autopagarse primas multimillonarias los ejecutivos responsables del desastre”.
Kiko Helguera ha escrito uno de esos raros textos que sirven de brújula y referencia para entender el presente. Imagino que los interesados en el tema volveremos a estos párrafos una y otra vez. Mientras, y como lado B de estas palabras, arriba cuelgo “Pushin’on” de Quantic Soul Orchestra, una de las bandas de las que Kiko habla en su texto, cuya versión completa está disponible aquí.
Hay un libro que profundiza en ésto que plantea el artículo, "Intersecciones, la música en la cultura electrodigital", la versión pdf es gratuita en: www.parabolica.net
Lo que Kiko Helguera plantea es un fenómeno que rompe mapas, clasificaciones y sobre todo la perspectiva desde donde focalizar las músicas que están funcionando en el mundo occidental.
Soy periodista cultural y DJ. Viví tres años en Barcelona, uno en Budapest, ocho en México DF, uno en Rio de Janeiro y, desde mediados del 2007, estoy de vuelta en Buenos Aires...
3 comentarios:
que interesante
excelente post
tenemos que hablar con esta gente!!!
salu22
Ya viste qué bueno? Pudiste leer el texto completo? Avísame y si quieres te contacto al buen Kiko, es un tipo bárbaro.
Saludotes y suerte!,
L.
Hay un libro que profundiza en ésto que plantea el artículo, "Intersecciones, la música en la cultura electrodigital", la versión pdf es gratuita en: www.parabolica.net
Lo que Kiko Helguera plantea es un fenómeno que rompe mapas, clasificaciones y sobre todo la perspectiva desde donde focalizar las músicas que están funcionando en el mundo occidental.
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