lunes 28 de noviembre de 2011

¡En México!: del Lilit a la FIL


¡Estoy en México! Y, como siempre, encantado y feliz de la vida. El domingo pasado toqué el djembé con Azul Dadá en un boliche de Villa Urquiza; de ahí me fui directamente al aeropuerto, y unas horas después aterrizaba -escala en Panamá mediante- en el aeropuerto del DF. A lo mejor fue por el jet lag o por la fuerza del autoengaño, pero ya desde el momento en el que el taxi tomó la calle Monterrey, en la colonia Roma que tanto conozco, me invadió una nostalgia poderosa, ciega, inevitable quizás. Los colores de las casas, el acento de la gente, el olor a comida que inunda las calles y la calidez de tantos amigos queridos me convencieron, con razón o sin ella, que en algún lugar de esta ciudad debo tener un hogar. Sólo me falta descubrir dónde exactamente, el tiempo dirá si me animaré a encontrarlo.
Tal vez por eso mismo en esta semana pasó de todo. Una tarde me fui a desandar mis no tan viejos pasos, por la Roma y la Condesa, y encontré mis huellas justo allí donde las dejé. Otro día descansaba en la glorieta del parque México y escuché que me gritaban “Tarifeñooooo”: era mi amigo Luis Enrique, al mando de un cochecito con dos niños preciosos que yo nunca le hubiera imaginado. Un mediodía fui a almorzar con mis amigos Philippe, Mauricio y Pacho, y me divertí como si jamás hubiera dejado esa mesa; otra noche, invitado por el gran Fernando, puse música en el bar Lilit (el flyer, imagen infantil incluida, abajo), y Alejandra, Ariadna, Jesús y Cecilia, Jorge y tantos más se ocuparon de convertir el bar en una gran celebración de la amistad y el cariño a varias bandas.
Como ya había hecho la noche de Azul Dadá en Villa Urquiza, del Lilit me fui al aeropuerto, y horas después aterrizaba en Guadalajara. Ya en Jalisco, capital del tequila y de la charrería, me perdí en el vértigo de la FIL, la Feria literaria que vine a cubrir. Primero me tocó asistir al homenaje al gran Fernando Vallejo (mi despacho, aquí), luego volví a encontrarme con amigos (Gerardo, Enrique) que transforman mi estadía en un tobogán de sentimientos encontrados. Lo mejor de mí se lo debo a México, estoy seguro; de lo que no estoy tan seguro es qué hacer con lo mejor de mí. Sólo me falta descubrir quién soy exactamente, el tiempo dirá si me animaré a encontrarme.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lejano Leonardo! inimaginable para mí que la vueltas de la vida me otorgaran el obsequio de encontarte de esta maneran tan loca. Espero de corazón que me recuerdes, desde aquellos extraños 80' que nos reunieron fortuitamente en una 'cosa' que sucedió en el teatro Discépolo de Bs As en el que yo tocaba la viola con un cuarto bajo la lengua y del que recuerdo un proyecto de hit punk de tu autoría que rezaba algo así como "Escupe a tu padre y a tu madre, escúpelos, escúpelos!!" Veo que la vida te ha tratado bien y vos a ella.
Te deseo lo mejor.

Flavio Luna

(me habló de vos el chimango, o EGo, o Emiliano Gómez, o El Hijo de la Cumbia)

Leo dijo...

Hola! Mil gracias por tu comment y también por el recuerdo, suena divertido! La verdad es que mi memoria no es la de antes, habrá que hacer algo para recuperar eso que dices. Y vos qué tal? Si tenés ganas, contame más.
Saludos y un gran abrazo!
L.

(y de dónde conoces a Emiliano? ya me dirás)