
Hoy voy a vivir un capítulo inesperado de mi aventura como aprendiz de percusionista. Junto a mis amigos y maestros de Azul Dadá me presentaré ni más ni menos que al lado del Obelisco, en pleno corazón porteño, como parte del encuentro mensual de Masa Crítica. Para quienes no están al tanto, les cuento que Masa Crítica es “una coincidencia no organizada” de amantes de la bicicleta que las noches de luna llena salen a celebrar su amor por la vida en dos ruedas. La idea se pone en marcha en distintas ciudades del mundo, su versión porteña lleva ya tres años y parece que de vez en cuando invitan bandas a sumarse al festejo. Yo hoy no llegaré al Obelisco en bici, sólo con un djembé entre mis manos y una ilusión tremenda. No seré Barenboim ni Plácido Domingo, pero la emoción por dar un show en el Obelisco no me la quita nadie. “Bien arriba, ¿eh?” dice mi amigo y compañero Agustín, de Azul Dadá, antes de que subamos a algún que otro escenario. Acabo de despertarme y ya me muero de ganas de escuchar esa arenga. La cosa será desde las 20.30 en la plaza más emblemática de la Argentina. Amigos y curiosos, bienvenidísimos. ¡Allá nos vemos!
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