viernes 9 de diciembre de 2011

Para descubrir a Anna Calvi



Aquellos que una y otra vez se lamentan de las escasas novedades musicales que ofrecen el pop y el rock pueden ejercitar el músculo de la curiosidad con Anna Calvi, el disco homónimo de una artista mayor y clandestina, tan sorprendente como su rara belleza. El CD apareció hace casi un año en Europa y por estos días llega a Buenos Aires, editado por Random; resultó un éxito insospechado en Alemania, Francia, Austria y Suecia, y la revista Uncut lo definió como “un valiente rechazo a las actuales tendencias pop, de una intensidad y originalidad que el resto de los discos editados este año luchan por conseguir”. Más allá de sus triunfos comerciales y críticos, lo cierto es que la Calvi destaca en el horizonte indie por una música ambigüa y filosa, un extraño cruce entre las atmósferas de David Lynch, la oscura tristeza de Siouxsie y los arrebatos de P.J.Harvey y Nick Cave. Hija de padre italiano, inglesa de nacimiento y virtuosa por vocación, la joven Anna pasó una infancia enfermiza, de hospital en hospital, y algo de ese mundo de sombría introspección se advierte en sus canciones, “No more words”, “Desire” y “Blackout” entre ellas. A mí me resulta seductora y potente, la banda de sonido que elegiría para pecar sin contemplaciones. Una prueba de lo que digo, arriba: su hipersensual “Suzanne & I”.