
¿Dónde estuve todos estos días? El final del 2011 resultó superagitado para mí. El principal movimiento fue mi cambio en La Nación: pasé de adn, la revista cultural de los viernes, a la sección “Ciudad”, en la que básicamente escribiré crónicas urbanas con la mirada periodística que intenté desarrollar durante mi paso de cuatro años por adn. “Ciudad” es una sección hermana de “Seguridad” y “Sociedad”, y por eso mi primer trabajo en este nuevo rol fue mi despacho desde General Pico, en La Pampa, adonde me enviaron para contar la trágica muerte de Carla Figueroa, la chica de 18 años asesinada por su novio (a quien ella misma ayudó a salir de la cárcel). La historia de Carla (abajo, el video en el que ella misma declara el miedo que le tenía a su futuro asesino) es tremenda y verla de cerca es una experiencia muy dura. Allá entrevisté a la mamá y el hermano del asesino (Marcelo Tomaselli), a la hermana de Carla, al kiosquero que le dio trabajo, a la fiscal del caso, al fiscal general y a mucha otra gente que me permitieron ver la dimensión coral de la catástrofe. Sería muy tranquilizador creer o hacer creer que el mundo se divide en buenos y malos, en víctimas y victimarios, pero la realidad es mucho más cruel y para verlo de veras hay que estar a la altura de lo que uno jamás quisiera conocer.
En General Pico aprendí que los victimarios también pueden ser víctimas, y que las víctimas no empiezan a serlo recién cuando el horror se consuma. En mi crónica intenté mostrar que las razones y las consecuencias de un crimen semejante son a la vez individuales y sociales, y que cargar las tintas en alguien o algo en particular (la psicosis del asesino, el presunto mal desempeño de los jueces) no es sino una manera de exculpar a todos los demás. El maniqueísmo es el show moral de la mala conciencia. Por suerte, me toca estar en contacto con la complejidad; desde ahora, mi obligación será contarla y hacerla creíble.
Como bienvenida a la sección me toca reemplazar a los amigos y compañeros que ya tenían programadas sus vacaciones, y por eso no he tenido tiempo ni energías para darme mis vueltas por aquí. El lado bueno es que por estos días empiezo a estar un poco más organizado. Tanto, que entre una cosa y otra conseguí hacerme un rato para entregar una crónica sobre los trabajadores del subte a partir del caso del violinista muerto en la estación Malabia. En definitiva, más y más realidad. Mi desafío personal del 2012 está servido.
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