El jueves 15 de marzo voy a tener la suerte y el privilegio de presentar, en el CCEBA porteño, a dos escritores que admiro mucho: Horacio Castellanos Moya (una entrevista, arriba) y Francisco Goldman. Como ya he dicho repetidas veces en este blog, para mí Castellanos Moya es, junto a Fernando Vallejo y Juan Villoro, uno de los grandes escritores actuales en lengua castellana; por su parte, cualquiera que haya leído alguno de los libros de Frank (La larga noche de los pollos blancos, Marinero raso, El arte del asesinato político, todos editados por Anagrama) reconocerá en él a un autor brillante y osado, capaz de narrar los múltiples rostros de la violencia latinoamericana sin concesiones ni artificios huecos.
El nombre de la mesa del CCEBA será “Centroamérica: la lectura violenta”, pero me da la impresión de que el foco no se limitará a las relaciones de estos autores con lo que ocurre en los países sobre los que generalmente escriben. Y es que, como se advierte en la extraordinaria novela La sirvienta y el luchador (Tusquets), la última obra de Castellanos Moya, el clima de “todos contra todos” que atraviesa la mirada de estos libros no es exclusivo de una región latinoamericana en particular. De hecho, en una época en la que los gobiernos se empeñan en reinventar la Historia de manera que sólo algunos aparezcan como responsables de la criminalización de la sociedad, La sirvienta…o El arte del asesinato político (una investigación sobre el crimen del obispo guatemalteco Juan Gerardo) resultan de una pertinencia inquietante.
En el caso de La sirvienta…, la destreza del escritor se advierte en la asombrosa economía de recursos con la que construye una lógica casi cinematográfica para la narración; en el de El arte…, asombra que la minuciosidad de los datos y el peso de una investigación tan profunda no atenten contra el ritmo y la tensión, pilares fundamentales de un suspenso que jamás decae. De todas maneras, y más allá de los respectivos logros estilísticos, ambos libros conmueven porque intervienen en la realidad con una palabra que se hunde en lo peor de la sociedad (la miseria a varias bandas, la impunidad, el desprecio por el otro) para emerger con la autoridad que sólo otorga el dolor. Quizás hoy en Latinoamérica no haya literatura más reveladora -¿y posible?- que ésta; tal vez estos libros demuestren que el hombre de Letras contemporáneo tiene, o debería tener, un rol mucho más activo que el de bibliotecario de lujo. Personalmente, debo admitir que sin obras como éstas mi mundo sería bastante más pobre. “La literatura es una religión politeísta”, me dijo alguna vez Juan Forn. El 15 de marzo entrevistaré a mis dioses. Más sobre Castellanos Moya en Guyazi, aquí y aquí.
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